Son casi las once de la noche…
La gente se preocupa. Te ve demasiado decaída. Te preguntan cómo estás… Siempre respondes que estás bien, que sólo es un día malo y nadie sospecha nada.
Ahora estás en tu casa tras pasar la mayor parte del día en el hospital. Pues te encontraron desmayada en el suelo alrededor de un charco de sangre. No sabes por qué razón lo hiciste. De nuevo tus brazos están llenos de marcas. Con unas tijeras… ¿Cómo no se te ocurrió antes? Cortabas tu piel como si se tratase de un papel y… no sentías nada. Era tanto dolor el que tenías dentro que no eras capaz de sentir, ni siquiera de controlarte a ti misma. Podías verlo todo desde fuera pero no podías controlar tu propio cuerpo. Querías y a la vez no querías hacerlo. Tu cabeza estaba hecha un lío. No podías entender nada. Y sigues sin poder entenderlo.
Días después la gente sigue preguntando, observando, intentando conseguir algo que jamás les dirás. Aún así siguen sin darse cuenta de que las pulseras aumentaron en tu brazo, y te alegras por ello. No quieres que nadie sepa. Tu cabeza sigue dando vueltas a cosas sin sentido que te causan dolor. Día tras día más de una puñalada por parte de tu mente y… te das cuenta de que los pensamientos vuelven una y otra vez, aunque ya los creas olvidados, siempre vuelven y, te machacarán hasta terminar contigo.
K no digan nada no es k no se den cuenta
ResponderEliminar