Después de un largo viaje...
Esos dos caminos volvieron a juntarse por una noche.
-¿Puedo abrazarte?
-Porfi... pero estás muy lejos.
-¿Quieres el abrazo?
-Sí...
-Abre la puerta.
-¿No lo dirás en serio?
El timbre sonó.
Ambos temblaban.
Ninguno sabía qué decir.
Simplemente se abrazaron.
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