Peor era lo tuyo con ese engendro.
Ese que sólo quería que fueras y estuvieras ahí para sacarte hasta el alma.
Al menos tengo más cabeza. Sé lo que hago. Sé dónde me meto. Y por el momento, en nada complicado.
Tú, te ibas al otro lado del país. Yo, me voy al otro lado de la ciudad. Sigo con mis clases, vuelvo a casa... Quizás es eso... Quizás no debería.
¿Qué más te da que me tenga que ir al otro lado si la que se mueve soy yo? ¿Qué más te da que me vaya a la noche si la que se va soy yo? Qué más da el no dormir en casa, si estoy en otra. Que no me acoplo yo. Que me invitan.
Ya sé que tengo mi casa, me paso los días en ella. Y me deprime. Me hace querer suicidarme. Pero creo que eso ya lo sabías.
Siento impotencia. Rabia. Pero eres tu quien la crea. Me doy asco, gracias a ti.
22 años, he de pedir permiso para todo. Y sorpresa, no me dejan.
Llegar a la gente con esta edad y decirles que no te dejan... Siento vergüenza. Pero mucha.
Pero eh, yo debo ser feliz siendo una monja de clausura.
Soy plasta cuéntame miri que te ha pasado????
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