Llegó a mi puerta a mitad de la madrugada una nota anónima. Nadie más que yo en casa escuchó el golpe en la ventana de mi cuarto.
Salí de la cama con miedo. Sin saber si debía bajar a mirar. Pero la curiosidad me podía.
Bajé las escaleras con cuidado de no hacer mucho ruido. Pues todos debían estar dormidos.
Las maderas de las escaleras solo sabían chirriar al mínimo peso sobre ellas. Maldita sea… pensaba. El televisor del salón parecía estar iluminado. No me extrañaba nada que mi padre estuviera más que dormido en el sofá.
Me asomé para asegurarme de que no había peligro a ser descubierta y abrí la puerta de la entrada. Miré de lado a lado sin ver a nadie, sin embargo, al bajar la mirada encontré una nota.
“FIESTA DE MÁSCARAS
¿Te lo vas a perder?
Diversión, música, comida.
Intriga. Misterio.
Y sobre todo, no olvides tu máscara…”
¡¿Esta misma noche?! ¿Debía ir? ¿Podía fiarme? No sabía quien habría sido. ¿Con qué intención?
Subí a la habitación, era la oportunidad perfecta para conocer gente y estrenar ese vestido que decidiste hacer. Tenías unas ganas tremendas de ponerte ese corpiño, de parecer alguien diferente. O de ser tú misma.
Llegué al lugar que indicaba el papel, un callejón en el número 13. La verdad es que era algo bastante espeluznante, más cuando descubrí que era un sótano.
Pero estaba allí para pasarlo bien. Escuchaba la música al otro lado de la puerta. Saqué la máscara del bolso y entré decidida al lugar.
Había más gente de la que imaginaba. Todos bailaban, y parecían pasarlo genial. Fue una noche entretenida hasta el punto en que todo se torció.
En ningún momento vi salir a nadie, sin embargo, cada vez iban desapareciendo más personas… Nadie parecía ser consciente de ello. Estaban en un mundo completamente diferente al mío. Debieron de intoxicar las bebidas y, traté de salir de allí. Pero la única salida estaba cerrada. No había manera de salir de allí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario