viernes, 23 de diciembre de 2016

Palabras incapaces de pronunciar

Mientras tú ríes.
Yo... me siento estúpida. Es echar de menos a alguien en concreto. Tanto que llega a hacer daño. Tanto que no deja apenas vivir. Llorar día y noche. Hora tras hora por alguien a quien sabes que nunca más verás y hablarás de la misma forma, si es que ocurre.
Porque soy de esas personas que quieren olvidar y piensa que nunca se olvida. Y me odio por ello. Por no lograrlo. O por no quererlo.

Porque sigues con la mentalidad de no poder hacerle daño. De no poder estar a gusto con otra gente por pensar en esa persona. Por pensar en el qué será de ella. Y el no ser capaz de estar con nadie más.

Porque podía ser yo sin miedo a que me juzgara. Y consiguió que fuera yo con todo el mundo. Me dio confianza y fuerza para tener fe en mí misma. Consiguió que hiciera lo que más me apasionaba sin escuchar las críticas de los demás. Tenía todo mi apoyo en cierta persona.
Conseguí tocar las estrellas, llegar a la luna y explorar un mundo nuevo.
Incluso consiguió que ahora esté donde estoy. Con sus parrafadas de ánimo. De ternura.

A veces me pregunto cómo puedo llegar a dudar tanto de la pregunta que invade mi mente...¡¿Cómo no voy a echarlo de menos?!
Dicen que un clavo saca a otro clavo. 

O que nuevos recuerdos pueden llegar a tapar esos que ya estaban, superponiéndose a ellos. 
Pero yo soy de arrastrar recuerdos.
Dicen que hay muchos más peces en el mar. 

Pero yo solo quiero uno.
Dicen que lo que pasó es pasado. 

Que si todo se acabó lo que no debo hacer es engañarme.
Pero yo siempre espero.
Tal vez demasiado. 

Tal vez tenga demasiada ilusión por ello y muy poca intención de conocer a alguien nuevo.

Por eso a escondidas lloro. Y si me encuentro con fuerzas escribo. Porque así, tal vez consiga sacar algo de dolor en palabras. Palabras incapaces de pronunciar. Y sentimientos que no puedo ni sé si debo mostrar.

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