Necesitaba huir para dejar la oscuridad. Para cambiar su forma de ver las cosas.
Desconectaba del mundo real y todos veían una chica genial. Sonreía.
Rara vez podían verla de esa forma. Y todos disfrutaban con ella.
Caricia. Brillo en los ojos. Dulzura. Carita sonrojada. Risa.
Pasó un día más. Volvió a desconectar. A entrar a ese lugar irreal.
Caricia. Brillo en los ojos. Dulzura. Carita sonrojada. Risa. Voz temblorosa. Nervios. Ansiedad. Histeria. Asfixia.
Dejó los años pasar. Todos la veían igual. Ella seguía desconectando para dejar los problemas pasar. Se divertía con los demás. Hacía bromas. Tenía una vida normal. Las clases se hacían agotadoras. Actividad tras otra que la mantenían al margen de todo lo demás. Desconectaba.
Caricia. Brillo en los ojos. Dulzura. Carita sonrojada. Risa. Voz temblorosa. Nervios. Ansiedad. Histeria. Asfixia. Tensión. Derrame. Rabia. Pesadilla. Océano.
Un día no apareció. Nadie se preocupó. Ella estaba bien. Habría surgido algo que la impidiera haber faltado. No dieron mayor importancia.
Caricia. Brillo en los ojos. Dulzura. Carita sonrojada. Risa. Voz temblorosa. Nervios. Ansiedad. Histeria. Asfixia. Tensión. Derrame. Rabia. Pesadilla. Océano. SILENCIO.
Ella no volvió más.
Dejó los años pasar por los demás. Hizo creer que estaría bien al desconectar.
Pero no llagaban a imaginar lo que era desconectar para ella en la vida real. Lo que realmente pasaba por su cabeza cada día que desconectaba. El por qué se la veían tan feliz cada día.
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