Las luces de la sala se apagan. Cierras los ojos y escuchas.
Estás sola pero caminas con cuidado. Movimientos lentos. Como olas zarandeándote suavemente. Como el viento entre las hojas. Sigues la música. Comienzas a seguirla, a bailar. A mostrarte tal y como eres, pero no del todo. No te sientes segura. Tienes miedo a que se rían de tí. Pero... si no te ven...
Paso a paso. Estiras. Te haces con el espacio. Creas tu mundo. Tu historia. Giras sobre ti misma. Comienzas a sentirte libre. Saltas. Mueves tus brazos. Te recorres, conociendo cada parte de tu
cuerpo. Alguien roza tu mano. Y lo sigues. Os acariciáis. Ya sabéis el uno del otro más que antes. aún sin poder ver, sabes perfectamente al lado de quien estás. por su tacto, por sus movimientos, más suaves, más violentos... Ambos sois uno.
Llega el momento de ponerse frente a frente. Sientes su respiración junto a la tuya. Todo parece calma. Comienzas por las manos. Caricias. Entrelazando los dedos. Sintiendo. Pasas por sus brazos, sus hombros, su cuello... hasta su cara, su pelo. Deja de ser esa persona para ser tú. Mientras sientes sus manos recorriendo, conociéndose a sí mismo. Al igual que tú. Hasta fundiros en un abrazo. Un abrazo que puede durar unos minutos. En silencio. Al son de la música. Escuchándoos el uno al otro, sin palabras de por medio. Sólo tacto. Sólo latidos.
Y es el momento de saber algo más. De conocer el nombre. Y de soltar los miedos en pequeños susurros. Sin miedo a que te juzgue quien está al lado. Los repites una y otra vez. Cada vez más alto. Hasta gritarlo. El miedo a que se rían de ti. A no servir para esto. A no poder volver a bailar. Miedo a despertar. A perder a alguien más. A hacer daño. A no poder ser feliz nunca más. Miedo a que no vuelva, y a que vuelva. Miedo a caer de nuevo desde las alturas. A dejarlo todo. A no luchar. A no seguir adelante. A fracasar. A no dar suficiente o, dar demasiado. Miedo a decir tus miedos. A gritarlos al mundo. A hacerlos saber...
Las lágrimas caen, pero sabes que eso te hará bien. Que necesitabas que alguien te hiciera sacarlo todo. Y volvéis a abrazaros, cada vez más fuerte.
Os separáis. Camináis a ciegas por la sala junto con los demás. Y os llamáis para volver a estar cerca. En busca de su voz. Esa que te susurró sus miedos. Llega a ser algo desesperante cuando tardas más de lo que esperabas en encontrarte de nuevo frente a frente. Creando esa sensación de miedo a quedarte sola de nuevo. A que te abandonen. Pero sientes un gran alivio cuando vuelves a tener a esa persona al lado. Volviendo a sentir.
Y volvéis a susurrar, esta vez contándoos todo aquello en lo que sois buenos. Y pensabas que decir todo lo malo era complicado...
Tu mente está completamente en blanco. Pero en realidad no es así. Te quedas callada hasta que cosas sueltas pasan por tu mente. Te encantan los abrazos. Las caricias. Siempre tratas de estar ahí, en las buenas y en las malas. Y al fin y al cabo no te das por vencida por mucho que lo creas. Sabes escuchar. Bailar te hace ser ser tú realmente.Sentir. Ponerte en el lugar del otro. Haces unas caracterizaciones increíbles. Tienes montones de proyectos en mente. Te encanta investigar nuevos lugares. Y consigues ir con una sonrisa por mucha mierda que tengas encima.
Así comenzáis a bailar, como si esos movimientos fuera todo lo malo y lo bueno. Nadie tiene por qué saber qué significa. Vuélvete loca. Ríe. Llora. Grita. Ve al borde de la desesperación o vuela. Sé tú. Al fin y al cabo, somos la unión de ambos, tanto de lo bueno como de lo malo. Y eso nos hacer ser como somos.
Agitas tus brazos. Das pequeños saltos, con miedo. Pero cada vez son más grandes. Cada vez te vas creciendo más. Y sin importar nada más que ser tú misma.
Mientras escuchas unas palabras que consiguen emocionarte. Que te hacen ver las cosas diferentes.
Siempre vamos a caer. Pero mientras disfrutaremos de la caída. Y volveremos a levantarnos. Porque la vida es nuestra. Y nosotros creamos nuestro propio camino. No debemos tener miedo a tener miedos, a que lo sepan y puedan herirnos con ello. Por nuestras debilidades. Todo esto, te hará más grande y fuerte. Disfruta a tope de todo lo que estás haciendo ahora que tienes la oportunidad de poder hacerlo. Siente. Crea emociones. Exprésate. Baila. Y sobre todo sé tú sin importar lo que la gente piense de ti. Porque eres buena para esto.
Y vuelves a estar sola, como al principio, pero sin miedo. Das pequeños botes. Vas soltando los brazos y pequeños gritos se desvanecen con el grito final. Donde llegas casi a desgarrarte. Donde sientes dolor. Un dolor que sabes que te hará más fuerte. El grito que te hará cambiar.
Las luces vuelven a encenderse y poco a poco vas abriendo tus ojos. Vuelves al mundo real. Pero con una sensación diferente. Ahora podrás con todo, ahora te centrarás en aquello que te ayuda.
Y con esto sólo pude ir a abrazarle y darle las gracias. Llorar en su hombro y, cambiar la forma de ver las cosas.
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