Siento impotencia, o quizá rabia.
Ya no me queda nada por intentar. He llegado al punto en el que no queda nada, en el que la fuerza se ha desvanecido y sientes que no puedes con esto.Los días pasan y llegas a la conclusión de que todo el tiempo que has estado intentándolo, sólo has conseguido decepciones e ilusiones. Y te derrumbas, caes al suelo con la esperanza de que alguien te levante. Pero no, guardas todo el dolor que llevas dentro para ti misma, aguantas el silencio y la presión de tu cabeza.
Decides no pedir ayuda porque piensas que si has podido sola con otras cosas, con esto también podrás. Y la tristeza te consume, las voces en tu interior suenan cada vez más fuertes, se te hace un nudo inmenso en la garganta e intentas contenerte las lágrimas.
Te centras en ti, te escondes donde no hay nadie y te sientes vacía. Sólo queda aire en tu interior. Problema tras problema, viene uno y se juntan todos.
Estás sola, aunque prefieres estarlo ahora mismo. Te encierras en tu cuarto, te dejas caer al suelo y lloras. Notas como las lágrimas caen lentamente por tus mejillas y eso te hace llorar más.
No quieres hablar con nadie, sientes ganas de desaparecer, de que alguien llegue y te lleve a un sitio mejor. No paras de llorar. Te recorre un hormigueo por todo el cuerpo y un tanto sentimiento de culpa.
Te miras al espejo, te limpias los ojos húmedos y te preguntas qué estás haciendo con tu vida. Y recuerdas todo lo que eras antes y ahora no eres. Lágrimas vuelven. Con rabia pegas una patada a lo primero que pillas. Necesitas liberarte y lo único que te queda es hacerte daño a ti misma.
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