lunes, 1 de febrero de 2016

Alguien un día me dijo

Alguien un día me dijo que me desahogara, que le contara qué y cómo sentía...
Fue cuando esa persona se abrió a mí y mi mente se fue a un mundo genial, un mundo en el que todo era sueño. Sueño que podía ser realidad.
Yo sólo quería bailar, dejar mi mente en blanco y actuar en el escenario, que mi papel y mi personaje llegara a los demás, que fuera capaz de volar.
Que cada nota y canción de la guitarra pudiera ser escuchada y que el principio de la historia tuviera al fin un final. Coger el lápiz y el papel y continuar.
Crear siniestros personajes de cuento de hadas o de historias de pesadilla. Utilizando cada uno de los colores, creando luces y sombras.
Jugar con fuego pero sin llegar a quemar. Observar cómo el fuego se aviva cada vez más y más.
Y mostrar con cada fotografía lo que soy, lo que fui y lo que seré. Pudiendo perderme.
Quería salir un día e irme lejos. Muy lejos. Hacia la sierra. Y buscar lugares desconocidos. Ir sin saber en dónde puedes acabar o lo que puedes encontrar. Caminar sin rumbo. Me gusta esa sensación.
Y sólo esperar saber volver a casa después de un largo día en rincones fantasmas.
La verdad es que en el tiempo que he estado entre esas cuatro paredes he hecho muy buenos amigos, aunque no me dejen verlos ni hablar con ellos porque... no nos conviene a ninguno.
Pero entre esas cuatro paredes se quedó mi mejor amiga y compañera desde este verano, mi ratita, mi pequeña ratita de peluche... había alguien que la necesitaba más que yo. Y de esa manera me aseguraba de que volvería a ver a esa persona para que me la devolviera. Ese pequeño peluche también tiene misiones.



Ese alguien me ayudó sin saberlo, sin siquiera darse cuenta. Tras sonreír al leer todo esto se le ocurrió algo: "Cuando estés muy mal o quieras quitarte del medio, relees esta conversación... esos mensajes que me has enviado... las veces que haga falta, ¿sí?"

Acepté, y no solo eso. Decidí escribir sobre ello.

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