Duele...
Duele como si te arrancaran la vida de cuajo. Y gritas desgarrándote la garganta. Lloras sangre en silencio y arañas las paredes queriendo salir.
Sientes que el agua que hacía nada estaba por tus tobillos se encuentra por tu cintura. Y todo se vuelve un océano. Un mal temporal crea olas gigantescas y acabas rasgándote con todas y cada una de esas afiladas piedras. Intentas aguantar la respiración y esperas poder saber nadar. Sientes frío. Estás desorientada. E incluso llegas a marearte. Tu piel cada vez es más pálida. Tus fuerzas agotadas. Te dejas llevar por la locura del mar. Sin apenas aire vas sumergiéndote más... y más... hasta que todo se vuelve negro. Y... acabas viéndote desde fuera.
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