martes, 17 de enero de 2017

Miu Nya

Vete. Desaparece. Y déjame tranquila.
Deja de acribillar mi maldita cabeza, joder.
Sal de ella como si nunca hubieras pasado por ahí. Dejándolo todo tal y como estaba antes de que aparecieras, antes de que te dejara entrar.

Es un sin vivir. Pensé que sería sencillo. Que con solo decir adiós podría servir.
Pero cierro los ojos y ahí estás tú, de nuevo. Y los abro y, te imagino.
Porque no eres fácil de olvidar. Porque no eres algo que merezca ser olvidado.

Pero me estás matando.

Llévame contigo. Ven a mí. O ayúdame a dejar de ser.
Dime qué fui yo para ti. Dime qué soy. Seguro que un simple recuerdo, ya en su totalidad apagado. Un recuerdo que no vive y has dejado apartado.

Todo me recuerda a ti. A nosotros. A lo que fuimos y dejamos de ser.
Sigo teniendo presente cada una de las sonrisas y miradas que me dabas. Incluso aquellas palabras que de vez en cuando te sacabas de la manga y que solo nosotros llegábamos a comprender.
Ese primer encuentro en el que ninguno sabía cómo reaccionar y que acabó siendo uno de los mejores días que he podido tener hasta entonces.
Y las duras despedidas cada vez que debíamos volver cada uno a su lugar. Pero con ese cosquilleo y ese pensamiento de "volveré por ti" que sellábamos con un beso antes de subir al bus.
Un viaje de vuelta a casa que servía para procesar los días pasados, para ir con una sonrisa de tonta e incluso con alguna lágrima. Porque me quedaba dormida y tenía la sensación de que seguías abrazándome. Aún sin estar, porque había pasado muy poco tiempo y no había asimilado del todo que no te vería hasta dentro de un tiempo.
Porque sigo teniendo todos los billetes, tengo colección de billetes de bus, de tren e incluso de aquella vez en el metro. De aquella carrera. De aquellas pérdidas y casi pérdidas de bus.

A veces suena el silbido de la bellota en el recuerdo de aquel paseo. Y aquella piedra que encontramos en la orilla mientras observábamos el agua, el cielo, la arena. Mientras reíamos y hacíamos bromas. Mientras jugábamos y éramos nosotros.

Y aunque dijeras que yo era ninja, a ti no se te daba nada mal el guardar cosas en la mochila sin que me diera cuenta. Porque sigo estrujando aquel peluche. Cada día al despertar y cada noche cuando voy a dormir. Dijeron que debía deshacerme de él, que no me haría ningún bien el tenerlo aquí.

Me gustaba la forma en que me cuidabas. Me gustaba cómo eras.
Y ¡¿a quién pretendo engañar?! 

No consigo sacarte de mi cabeza. Porque te quiero.

Todo esto me está matando.

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