Qué pasaría si de estar en tu cama apareces en una que no es la tuya.
Qué te pasaría por la cabeza si ves que todo está a oscuras. Que no son tus sábanas. Y ni siquiera es tu pijama, en un simple camisón. Qué pasaría si escuchas máquinas que marcan latidos. Si tienes una voz que te dice que estés tranquila, que no pasa nada.
Una voz de alguien muy familiar, de alguien muy querido y que consigue calmarte cuando no sabes qué es lo que está pasando.
Qué pasaría si pretendes acomodarte en la cama y ves que no puedes. Que tus manos están inmovilizadas. Que están atadas. Que estás atrapada en esa cama. Y empiezas a sentirte mal. Nerviosa. Asustada.
Agujas y tubos te rodean. Y consigues saber donde estás.
"Mamá, qué pasa, qué está pasando." Nerviosa, inquieta. Con ansias de salir de ahí.
"Tranquila, no pasa nada, ¿vale? Shhh... Estás en el hospital, no pasa nada."
Y recuerdas lo que hiciste. Rompes a llorar. Quieres abrazarla. Temblorosa. Pero no puedes. Y vuelve a calmarte. Te arropa con sus brazos. Te acaricia. Te dice que ya pasó.
Pero tú sigues sin saber el por qué del atado de manos. El por qué tuviste que despertar. Y el por qué lo hiciste. Por qué tu cabeza continuamente se contradice. Que quieres y no quieres.
Despiertas de nuevo entrada la tarde. Sigues sin estar consciente del todo. Estás más ida que de costumbre. Apenas recuerdas nada, ni siquiera de lo que está pasando en el mismo instante.
Pero consigues observarte más a fondo. Tu brazo izquierdo tiene varios intentos de pinchazos. Duele. Y está completamente morado. Al parecer lo mejor fue ponerte las vías en la mano, atada.
¡¿Qué es lo que pasó?!
El tubo que traspasa nariz y garganta te impide tragar saliva sin dañarte la garganta. Sin dolor. Y vuelves a quedar dormida, mientras te hacen otro lavado.
Al despertar consigues que tus manos vuelvan a ser tuyas. Consigues moverte y acomodarte libremente en la cama. Pero sigues sin entender cómo se pudo llegar a todo eso.
El colgante se rompió mientras te llevaban. ¿Por qué tenías una cuchilla en la cadena? Si no la hubiera llevado puesta, si no durmieras con ella no ta la habrían quitado. La promesa murió. El cordón se cortó. El anillo separado, con una cadena hecha trizas. Sientes rabia, pues todo tenía un significado.
Así comienzas a entender el por qué te enfrentaste a esos polis que te dirigían a la ambulancia. Por qué gritabas. Habían arrancado una gran parte de ti. De lo que estabas logrando. Sin pedir permiso. Sin estar consciente.
Y así llegas al por qué estabas atada en aquella cama que no era tuya.
Teniendo aún más ideas en la cabeza. Queriendo hacer que nadie sepa. Y dejando de ser sin que se den cuenta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario