Es una mañana de invierno y camino por un laberinto de calles, calles que no llevan a ningún sitio.
Hace frío, sin embargo yo tengo tengo calor, estoy ardiendo. Como si a cada paso que doy la nieve se deshiciese.
Las calles aún están oscuras. La luz de las farolas ya se apagaron. Pronto saldrá la luz pero, aún puedo ver la luna brillar en aquella completa oscuridad.
¿Hacia dónde voy? Son varios los caminos pero estos son diferentes, llegan al mismo lugar.
Sigo caminando hasta que noto un extraño ambiente, un escalofrío recorre todo mi cuerpo… No estaba sola. Delante de mí había una extraña mujer, ya de bastante edad con un camisón blanco, pelo blanco… Y unos ojos como platos mirándome fijamente. Por un momento paré a observar. No se movía. Ella seguía mirando cada movimiento que hacía… ¿Qué estaba haciendo allí? ¡¿Y en manga corta?!
Sigo mi camino mientras ella me sigue con la mirada. Paso delante de ella. No la pierdo de vista ni un segundo… Me quedo extrañada con todo aquello pero continúo. Al alejarme ese frío intenso que sentía hace un momento desaparece y por alguna razón me da por mirar atrás…
La vi desvanecerse...
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