jueves, 2 de febrero de 2017

Día a día

Repetí la alarma constantemente cada cinco minutos esta mañana.
La cama me llamaba. La almohada me hablaba, las sábanas me protegían. No quería salir. No quería escuchar y, mucho menos sentir lo que sentía. Ese vacío constante que llevo dentro todo el día. Que sólo a veces, puedo soportar sin llegar a explotar. Sin derramar ni una lágrima. Sin sangrar. Sin sentir rabia y odio hacia mí misma. Rabia por ser o estar como estoy. Odio por no ser capaz de ir a mejor. Pero ¿qué es mejor? porque no tengo respuesta alguna. 
Además tener que pasar la mañana entera recordando que tu padre está muerto no ayuda demasiado... Tener que rellenar solicitudes con su nombre, con su fecha de fallecimiento y la de nacimiento... No ayuda nada... Lo hice como si nada. Como si no tuviera corazón, como si ya no estuvieras en mí, en mis pensamientos. Quería hacerme fuerte. Pero llegué a casa para hacer nada, sólo pensar y recordarte. Llorar. No querer seguir. 

Añadiendo recuerdos de una persona ajena a ti. Recuerdos de esa persona. Que sí, seguro que sabe quien es. Pero sólo sirven para derrumbarme. Y no quiero seguir consintiéndolo. Porque estando, hacía daño su silencio. Pero sin estar, duele su ausencia por mucho que quiera estar. Pero no estoy preparada para continuar hablando. Porque podrá decir que si no soy capaz de verle de otra manera o de tan siquiera hablar, nunca le quise. Yo sólo sé que se equivoca. Que no conseguirá hacerme sentir mal por ello. Porque le he querido y le quiero más que a nada en este mundo. Y me duele, porque sí, yo también le quiero a él... Y me siento estúpida por el daño que me hizo, ese daño que ni siquiera recuerde pero que en mi memoria permanece. Porque al fin y al cabo, sí, estaba loca, loca por él. Por su forma de ser. Por como era conmigo. Y ¿qué culpa tengo yo si siento las cosas demasiado?, ¿si mi personalidad es así?, que no consigue un término intermedio?.
Mi problema fue esperar demasiado de alguien. Siempre lo fue. Y en un principio no iba mal encaminada. Lo daba todo... Era amor de persona. Pero como todos, se cansó. Cuando yo ya remontaba. Cuando no supo más que darme ánimos. Conseguir darme fuerza. Motivarme a hacer todo lo que quería hacer. No lo sentí nada justo... Sentí una puñalada enorme que no soy capaz de quitar. Con nudos en la garganta día y noche recordando todo lo que fue. Y que no falte llorar.
A veces me pregunto si la gente puede morir llorando. Y que si es así, a mí me debe quedar muy poco. Navego por este mar pero el agua ya no es lo mío. Ahogándome poco a poco porque mi cuerpo deja de reaccionar a las cosas más simples. Porque no encuentro tierra en tanto mar, en tanto océano. Y hasta en mis sueños te busco. Tratando de encontrar esa mano que siempre me sacó de este mal. Cada vez respiro menos, como si no me hiciera falta el aire. Siento que poco a poco me apago. Pero siempre intento brillar delante de los demás. SONRISA! por favor. Repítelo si hace falta. Saldrás. Pronto saldrás. De la forma que debas salir. Todo puede ser, no hay excepción. Tal vez en este mundo te toque morir, pero ¿y el universo paralelo? Será todo lo contrario. Y estarás ahí. Tal vez con él. Con quien siempre quisiste. Tal vez no se rompiera nada. sólo tal vez podrías volver desde aquí hasta allí. Algo parecido a una reencarnación sumada a un viaje a mundos paralelos. Evanescence suena en los auriculares. "My immortal"... siempre se me pone piel de gallina. Siempre siento cosquilleo y escalofrío al escuchar esa voz. Y lo peor de todo es que te imagino aquí conmigo. Tal vez debería ir a dormir. Mañana será otro día, pero no puedo dejar de llorar. Llorar por todo lo que pasa. Sin embargo la medicación me marea. Apenas puedo escribir. Apenas puedo ver. Ha llegado la hora de dormir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario